Venid a ver la belleza inherente al sistema


«Una de las 24 similitudes entre las mujeres y los peces es que a los dos les atraen los objetos brillantes«. Barney Stinson (Cómo conocí a vuestra madre).

Si eliminamos de esta sentencia la palabra «mujer» y la sustituimos por «jugador de videojuegos» la frase aún seguiría teniendo sentido. Muchos de nosotros alzamos nuestras insatisfacciones varias respecto a la deriva que están tomando los títulos de mayor presupuesto en todos los rincones de Internet y redes sociales. Criticamos con ahínco la incidencia en los gráficos por parte de los grandes estudios, en la mejora continua de estos y en lo innecesario que supone elevar a los videojuegos a la misma altura que la realidad en cuanto a definición gráfica.

Esta crítica se ha vuelto constante; los gráficos, para bien o para mal, son uno de los aspectos más criticados o aclamados por la crítica de videojuegos hasta tal punto que en muchas ocasiones hemos unido los conceptos de progreso y calidad gráfica en el sector.

Mientras hacemos esto, defendemos a capa y espada las mecánicas, la innovación y la frescura de los juegos independientes, eso sí, poniendo en valor el apartado artístico de The Banner Saga, por ejemplo, y jugando a todo aquello que huela a pixel, disfrutando, aunque sea una copia de una copia y por enésima vez, de ese título que incorpora un apartado artístico que quita el hipo y que se ha visto influido por la estampa japonesa. Porque nosotros somos sinceros, y en los videojuegos comerciales hablamos de gráficos, pero a la hora de hablar de títulos independientes mencionamos su apartado artístico, que queda mucho más bohemio e independiente que decir que este juego tiene unos “graficazos”. Este renacimiento o neoclasicismo del sector independiente en cuanto al apartado gráfico ha apelado a un sentimiento realmente básico que se esconde dentro de nosotros: la nostalgia. Este sentimiento nos deslumbra de la misma manera que a otros deslumbra la calidad gráfica. Son dos caras de la misma moneda, el envoltorio del título.

La-Belleza-inherente-al-sistema-the-Banner-Saga-pantalla-articulo-startvideojuegos  La-Belleza-inherente-al-sistema-Call-of-Duty-articulo-startvideojuegos

En el fondo es la misma botella, la que nos bebemos a morro. Da igual que el título incorpore una nueva técnica de movimientos en los pelos del bigote o que su apartado artístico (lo siento, es un defecto profesional) beba de los grandes clásicos del cómic de la ciencia ficción sueca de los años sesenta. El brillo nos sigue hipnotizando y encandilando porque, no nos engañemos, el primer vistazo importa, y si importa en un bar a altas horas de la madrugada, importa también, y mucho, en cualquier foro donde veamos asomar una pequeña píldora artística de cualquier propuesta independiente aún en desarrollo. Si nos gusta, caemos rendidos y defendemos, de nuevo a capa y espada, la propuesta y ya poco importa que sea el enésimo plataformas al que jugamos este mes, poco importa porque es precioso, una obra de arte y porque tiene un apartado artístico realmente espectacular.

En cambio, con el mismo argumento, criticamos el último título con el que cae rendido el gran público y que aporta una calidad gráfica excepcional, donde apenas se distingue entre realidad y videojuego. Apelamos al argumento, ya manido, de que no aporta nada nuevo y que es únicamente un mero continuismo de una saga que dista mucho de lo que fue en su día. Sin embargo, como ya hemos mencionado, volvemos a jugar a los títulos que aportan un apartado artístico que ya hemos visto cientos de veces, incluso en el pasado, y que no añaden nada novedoso al sector salvo poder revivir aquel juego que tanto te gusto a los diez años, pero adaptado a las características de los ordenadores actuales. De nuevo, y volviendo al mismo argumento, seguimos con los prejuicios asociados al envoltorio del título, aspecto muy normal, todo sea dicho, ya que es lo primero que percibimos.

Con este texto no quiero defender únicamente el engaño que a veces supone la primera vista, no, quiero defender la similitud entre el atractivo por los grandes gastos en el apartado gráfico de los juegos que cuentan con un mayor presupuesto y grandes equipos detrás y por los apartados artísticos de los juegos independientes. Al fin y al cabo, es lo mismo y todos somos humanos, el que juega al último Call of Duty y el que cae rendido de éxtasis mariano ante The Banner Saga. En definitiva, el apartado gráfico no deja de ser el envoltorio de la mecánica y la narrativa, los dos elementos donde un título puede lucirse o quedarse únicamente en algo bonito.