Hotline Miami 2: Elogio a la locura


¿Qué hay en la mente de Jonatan Söderström y Dennis Wedin? ¿Qué elementos han tenido que conectarse entre su maraña de neuronas dentro de la materia gris de sus cerebros para dar a luz una saga tan perturbadora como Hotline Miami? ¿En qué caldo lisérgico deben flotar sus neuronas para alumbrar tal obra? No hay nada parecido, pero muchas cosas se le parecen; nada se le acerca, pero muchas cosas le tocan.

Hotline Miami 2: Wrong Number (Dennaton Games, 2015) es la continuación del aclamado juego independiente Hotline Miami (Dennaton Games, 2013), aparecido hace ahora escasos dos años y que irrumpió con la fuerza de un demente en un castillo de arena dentro de la escena indie. Rompió con todos los moldes que podían contenerlo o describirlo y presentaron al mundo una rara avis preñada de ultraviolencia, sangre y oscura psicodelia que satisfizo el lado más oscuro de muchos de nosotros. Wrong Number sigue el mismo camino lleno de suciedad, violencia, comida basura y drogas que dejó su predecesor, y aquí reside su gloria, pero también su perdición.

Su triunfo esta en ser más y mejor, más Hotline Miami, más alimento para nuestras bocas ansiosas de acción sin prejuicios y moralidad. Apenas han tocado el aspecto gráfico, empeñados en emular las actualmente arcaicas cintas VHS. Su definición ha bajado algunos puntos y los píxeles que componen la imagen han cogido peso, pero el gusto por los detalles escabrosos sigue ahí: tripas fuera de su situación original, cabezas desperdigas por el suelo y puertas, ventanas, suelos y paredes pintados con la sangre de los muertos. Todo esto se repite, pero multiplicado.

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Los creadores del polémico juego sabían perfectamente qué elemento distingue a Hotline Miami del resto de los mortales, la violencia frenética sobre la que se vertebra su obra, y no han dudado en que esta sea la misma baza ganadora a la que han apostado todos sus esfuerzos. Wrong Number es más sangriento, más bestial y más arcaico que la primera entrega, y aquí es donde reside su gloria: en el encumbramiento de una visión alucinada y poseída por el mismo Hunter S. Thompson.

Su perdición se encuentra en la misma moneda, solo que en la otra cara. Si su éxito reside en la cara brillante, nueva y sucia a la vez, su descarrío está en la cruz, en el lado menos amable de la obra. El factor sorpresa ya no es un elemento a tener en cuenta, desde el primer momento el jugador ya sabe qué se va a encontrar, salas llenas de brillantes colores cálidos, repletas de enemigos a los que hay que eliminar sin ninguna razón, solo porque sí, porque así es como se supone que debe ser jugado. Enemigos a los que debe eliminar siguiendo un patrón: entrar, limpiar el escenario y pasar a otro escenario. Aquí es donde aparece el lado menos amable de la obra, su jugabilidad.

Podemos decir que hay una forma acertada de disfrutar Wrong Number en toda su plenitud carmesí y otra manera que lo anula por completo. La clave se encuentra en la música, la fenomenal banda sonora compuesta por Das Mörtal, entre otros grupos destacados. Ligada al estilo de la psicodelia electrónica, el ritmo que impone es continuo, pero sobre todo repetitivo y frenético. No hay vuelta atrás, vivimos en una espiral de violencia y destrucción donde estamos condenados a repetir el mismo patrón desde el principio hasta el final, conceptos que se llegan a confundir. Para jugar correctamente al título  y sentir todo lo que puede ofrecernos, debemos irrumpir en las habitaciones sin pensar, dejándonos guiar por nuestra corteza cerebral más alejada de los pensamientos racionales. Hotline Miami no es racional, no es lógico, es un tío con una máscara de animal que entra en una casa y debe matar, porque sí, a todos los que están dentro. Si buscamos la lógica al juego no hay juego, se desvanece, debemos buscar la irracionalidad, la agresividad y el elogio a la locura, debemos entrar en la habitación, máscara puesta, eliminar al primer enemigo, coger su arma y pasar al siguiente. Si jugamos a escondernos, a atraer a los enemigos a situaciones ventajosas, a aguardar nuestra oportunidad, si convertimos Wrong Number en un juego de sigilo hemos perdido.

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Esta posibilidad debió ser erradicada durante el desarrollo, el título es un juego frenético de acción hiperviolenta con una banda sonora que nos mueve a que actuemos así, y si no lo hacemos, es que no lo hemos entendido. Si razonamos el escenario que tenemos ante nuestros ojos, Wrong Number no pasa de ser un juego decente, nada sobresaliente; pero si cerramos los ojos por un momento, aspiramos fuerte, agarramos con fuerza el teclado y nos arrojamos una y otra vez a eliminar enemigos con la mayor violencia y saña posible sin pensar dos veces en lo que estamos haciendo, entonces Hotline Miami 2: Wrong Number se convierte en otra cosa, se convierte en el juego que está destinado a ser, una orgía de psicodelia y sangre, un altar a la irracionalidad, en definitiva, un signo y símbolo de nuestro tiempo.

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