Esperando por la next gen


Desde hace unos meses me he dado cuenta de que solo utilizo la parte izquierda del salón de mi casa. En ese lado está la estantería con los juegos de PS3, algunas series completas y un par de películas que compré entre las habituales descargas en Internet. Inmediatamente después, apoyados entre la pared y una lámpara, tengo apilados una decena de vinilos junto al tocadicos; y en la parte central del mueble, el televisor. Una nube negra cubre el extremo opuesto en el que está la minicadena, que a veces se enciende para escuchar la radio o para saber lo que se siente con un CD-ROM en las manos. A continuación, haciéndose hueco está ese teléfono fijo al que nunca me llaman, un cacharro que te despierta de la siesta para decir que no a las ofertas bancarias y al continuo abaratamiento del pack de telefonía, internet y televisión. Por último y junto a uno de los altavoces de la minicadena que sirven de base para apoyar el router, “descansa” la PS4, que lleva apagada desde enero, casi desde el mismo día en el que la desempaqueté.

La PS4 es mi Rock Simulator particular, un pisapapeles oscuro, psicodélico y muy caro que me trajeron los Reyes Magos, pese a advertirles en la carta de que prefería esperar. No piensen que me enorgullezco de ello, no lo comento como una pose hipster, en realidad me hubiese gustado haber estrenado la next gen y tener en mi ludoteca uno de esos títulos que evolucionan y revolucionan la industria. El caso es que, a lo tonto, ya han pasado más de siete meses y todavía no he visto con claridad qué ofrece esta nueva generación. Llama la atención, por ejemplo, que el título mejor valorado para PS4 y XBOne sea Child of Light (Ubisoft, 2014), un multiplataforma al que puedo jugar hasta en el ordenador portátil. ¿Cómo es posible que no tengamos ya un juego bandera en el que se vislumbre al menos su potencial?

El paso de la sexta a la séptima generación de consolas tuvo un mayor impacto visual, incluso perceptible desde los primeros juegos de lanzamiento. En mi caso, recuerdo que Resistance Fall of Man (Insomniac Games, 2007) y Motorstorm (Evolution Studios, 2006) –pack que acompañó a la PS3– mejoraban de forma sustancial, al menos en el apartado técnico, lo que habíamos visto en el sector hasta ese momento. La séptima generación tenía, desde el principio, dos razones de peso para tenerla en cuenta: por un lado, ese salto cualitativo en el apartado gráfico de los juegos next gen y, por otro, la imposibilidad de adquirir esas mismas franquicias en una versión downgrade en PS2 o XBOX360. En cambio, esta vez, la estrategia que están llevando a cabo las Third Parties en las consolas de Sony y Microsoft difiere bastante de estos dos puntos. Las compañías prefieren apostar por títulos cross-gen para no abandonar el gigantesco parque de jugadores que todavía tiene la pasada generación. El resultado es el que todos estamos viendo: juegos con una base antigua cuyo único atractivo es una mayor definición en las versiones de PS4 y XBOne, pero que no justifican la compra, al carecer del factor diferencial por el que alguien se hace con una nueva plataforma.

Cuento esta experiencia personal porque creo que es la tesitura en la que se encuentra la mayoría de jugadores. Algunos, como yo, con la consola apagada o aprovechando los títulos gratuitos de la PS Plus; otros, esperando algún movimiento en el horizonte y tirando, mientras tanto, de esa “lista de espera” que todos tenemos para tiempos de vacas flacas. Esta tierra de nadie es el momento perfecto para pescar chollos que se nos escaparon en su momento o para instalar aquel juego de la biblioteca de Steam que ya casi ni nos acordábamos que teníamos. Los más impacientes puede que se hayan agarrado a los títulos deportivos (NBA 2K14 o FIFA 14), quizá los únicos que se salven un poco de la quema,  aunque, en el fondo, todos sepamos que la verdadera evolución en estas sagas llegará a partir de septiembre, además de lo que pueda decir la competencia. El resto se habrán repartido entre los incondicionales de Battlefiel 4 (EA Digital Ilusions, 2013; los xboxers  y su bendito cross-gen Titanfall (Respawn Entertainment,2014); y el multiplataformas Watch Dogs (Ubisoft, 2014), que a algunos nos hace valorar todavía más las excelencias de GTAV (Rockstar, 2013).

Nos queda mirar para el E3 y soñar con que lleguen pronto el último tercio del año, las navidades y 2015. Aquí ya es cuestión de gustos y las fantasías que cada uno se cree con los teasers y el escaso material que se mostró en la feria de las grandes IP. Si tuviese una XBOne, en octubre tendría un ojo puesto en Sunset Overdrive (Imsomniac Games), que parece proponer algo distinto y divertido dentro de la cultura mainstream en la que se mueve. Lo nuevo de PlayDead (creadores de Limbo), Inside, es otro de los títulos que tienen muy buena pinta en la consola de Microsoft. Por otro lado, para los que tenemos en standby la negra de Sony, en el apartado de exclusivos (mientras no se demuestre lo contrario) me quedaría con Abzú, de Giant Squid, y en el que se encuentra Matt Nava, director artístico del aclamado Journey (Thatgamecompany, 2012); y con la joya de la corona, No Man’s Sky (Hello Games), un juego independiente que vuelve a demostrar a la industria todo o que se puede hacer con un equipo pequeño, una buena idea y tecnología procedural.

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Aun así, creo que la verdadera next gen comenzará con el lanzamiento de algunos multiplataforma que vimos en la feria angelina. Entre ellos The Witcher III: Wild Hunt (CDProjeckt), The Division (Ubisoft), Destiny (Bungie) y Metal Gear Solid: The Phanton Pain (Kojima Productions). Está claro que en el horizonte habrá muchos otros, pero todavía es pronto para emocionarse con los Halo 5 (343 Industries), Ucharted 4 (Naughty Dog), Mass Effect 4 (Electronics Arts) y compañía, así como el prometedor Scalebound de Platinum Games (exclusivo en XBOne) y The Order: 1886 (Ready at Dawn), por el bando de Sony.

¿Qué dicen ustedes? ¿Ha llegado ya la nueva generación? Por mi parte, mucho me temo que este veranito seguiré utilizando el lado izquierdo del salón. Ese en el que está The Last of Us (Naughty Dog, 2013), Ni no Kuni (Level-5, 2013) y otros grandes títulos que no nombraré por pura vergüenza. Los tiempos muertos los seguiré dedicando a Rayman Legends (Ubisoft, 2013) y Papers, Please (Lucas Pope, 2012); y a Guacamelee! (Drinkbox Studios, 2013) le reservaré ese pequeño lapso de dos horas entre la digestión y la piscina; cambiaré las siestas por FEZ (Polytron, 2012); el postre, por Canabalt (Adam Saltsman, 2009); y puede que alguna tarde lluviosa de agosto me deshaga de la pereza y me anime con Uncharted 3 (Naugthy Dog, 2011) y termine Bayonetta (Platinums Games, 2010) de una vez.

En el lado derecho puede que escuche música o la radio y puede que me canse de decir no a la teleoperadora y me pase a la puñetera oferta de teléfono, internet y televisión; pero si hay algo claro en ese lado del salón, es que, entre el televisor y el altavoz de la minicadena que sirve de base para apoyar el router, mi pobre PS4 seguirá esperando la nueva generación.

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