Danganronpa V3, la ficción que cambió el mundo


Antes que nada, quisiera avisar a quien esté leyendo este texto que tenga cuidado con los spoilers. El centro de este artículo es el final de Danganronpa V3: Killing Harmony (Spike Chunsoft, 2017) y, como es lógico, aconsejaría a todo el mundo que no se haya pasado el juego (ya sea porque está en ello todavía o porque tiene la intención de hacerlo en el futuro) que cerrase esta pestaña y volviese más adelante.

Una de las facetas más importantes de la creatividad humana es, sin duda, la ficción. El ser humano es proclive a las historias, tanto reales como ficticias. Estas acaban, de una manera u otra, reflejando más sobre quien las escribe o las cuenta (y su entorno) que sobre lo que tratan por sí mismas. Interactuar con ellas no es difícil, solo tenemos que limitarnos a recibir información, estar dispuestos a otorgarles un poco de nuestro tiempo. Lo que sí que requiere un ejercicio de comprensión por parte del receptor es ver más allá de las palabras. «¿Quién me está diciendo esto?» «¿Qué me dice esta historia sobre la persona a la que tengo delante?» «¿De qué manera ha afectado esto al emisor, y cómo me puede afectar a mí?». Estas, y muchas más, son preguntas clave que deberemos hacernos si queremos ver qué es lo que hay detrás de los hechos narrados. Me atrevería a decir, incluso, que es en la ficción donde más deberemos sumergirnos para averiguar de qué lugar viene el cuentacuentos y hacia dónde nos llevarán sus palabras.

Danganronpa V3 trata este tema a través de un giro de guión principal. Hasta ahora, la franquicia estaba poblada de asesinatos, planes ridículos, investigaciones y juicios muy llamativos y casi deslumbrantes. Sinceramente, nunca la he visto como a una obra que buscase que el receptor pensase (más allá de resolver los acertijos, claro), pero V3 quiere romper con esta línea y desmarcarse con un movimiento muy atrevido, incluso arriesgado. Digo esto porque la audiencia principal de esta saga no es una que busque reflexiones profundas, sino interacciones memorables entre sus protagonistas, misterios y emociones fuertes. Es decir, y esto no es algo negativo, su foco de interés es el estilo por encima de la sustancia. Aunque, si lo miramos de otra manera, es posible que esta sea la razón por la que este nuevo discurso vea su fuerza amplificada.

Durante la recta final en V3, se revela que el turbio juego de asesinatos era algo más. No se usa ninguna palabra concreta para definirlo, pero es bastante explícito que Danganronpa V3 es algo parecido a un gran y macabro reality show. Los protagonistas, según nos cuentan, tienen personalidades inventadas por un equipo de realización y guionización impresionante y que, por si todo esto fuese poco, todos los participantes de este programa de entretenimiento están ahí por voluntad propia. No solo eso, sino que los títulos anteriores de la saga, continúan contándonos, no son más que temporadas antiguas de este reality. Eso sí, para comenzar a darle potencia al discurso, se hace énfasis en que estas personas sacrificaron sus «yo» pasados en pos de sus personalidades actuales. Es decir, estos personajes ficticios con vidas inventadas han pasado a reemplazar a aquellas personas que fueron elegidas durante el casting.

Kazutaka Kodaka, creador y guionista de la saga, no quiso quedarse en un mero truco de espejos y decidió seguir por una dirección muy acertada. En vez de usar este punto de la trama para solamente crear impacto en los jugadores, Danganronpa V3 convierte su segmento final en una reflexión sobre la ficción, su huella en la sociedad, cómo esta pertenece, en definitiva, al público que la moldea y el valor que tiene para aquellos que participan de ella. En el juego, la villana —que fuera del programa actuaría también como guionista— nos habla de que los espectadores obtienen su esperanza (uno de los ejes temáticos más vistos en estos juegos) viendo cómo los participantes vencen a la desesperación (siendo este, el otro punto cardinal de la franquicia). Todos los asesinatos, que resultarían horribles fuera de contexto, sirven para que la audiencia insensibilizada viva feliz.

A primera vista, podríamos pensar que se trata de una crítica a lo absurdo de la televisión y los ya mencionados programas como Gran Hermano o La isla de los famosos. Sin embargo, para el mensaje que el título quiere darnos, el formato concreto de realización de este programa da igual, no tiene consecuencia alguna. Se usan técnicas de lavado de cerebro para que los participantes se conviertan de verdad en los personajes que tienen que ser por exigencias del guión. Al estar en un plano más abstracto que el de un reality show como los que tenemos ahora, su discurso se separa de una crítica a la telebasura y comienza a elevarse hacia la dirección que de verdad quiere tomar: la de hablar sobre cómo la ficción afecta a nuestras vidas.

Ahora bien, como ya lo he dicho antes, entiendo que a parte del público de Danganronpa esto le haya sentado mal. Para empezar, el recurso de «Ajá, esto es un juego y tú un jugador, mira qué inteligente soy» ya está bastante gastado. Undertale (Toby Fox, 2015) y OneShot (Little Cat Feet, 2016), para mi gusto, lo ejecutaron a la perfección —este último tratando temas que se desvían bastante de la intencionalidad del primero, por fortuna—, y reservarse ese giro para el final de una muy esperada tercera entrega parece… pobretón. O al menos esa es la sensación que puede dejar en un primer momento.

También se puede trazar un paralelismo superficial entre las personas que disfrutaban de este entretenimiento y los que llevamos años comprando los juegos de la saga por el morbo de descubrir quién ha asesinado a quién en nuestro grupo de amigos virtuales.

Lejos de atascarse en decirnos «Oye, mira, has disfrutado de esta obra y eso está mal porque nosotros (los protagonistas) lo hemos pasado mal», Danganronpa V3 busca desmarcarse de un mensaje tan simplista para hablarnos del impacto que tiene la ficción sobre el mundo real. Aquí los personajes se rebelan contra los realizadores del programa y se plantean cuál es la forma de detenerlo. Como es lógico, ningún tipo de entretenimiento creado para las masas puede sobrevivir si estas no están interesadas en ser partícipes pasivos de los hechos que se les están retransmitiendo. Si Operación Triunfo, por ejemplo, sigue emitiéndose es porque está llenando un hueco en el mercado. Desde las mismas entrañas de la ficción, la escapatoria de nuestros protagonistas será llegar a cambiar lo que quiere la gente. Lo único en lo que pueden confiar es en su poder de cambiar el mundo.

El cierre de la historia es ambiguo, un desenlace que puede dejarnos un sabor agridulce. Tras un mensaje duro y cargado de contexto sociocultural, nuestros protagonistas sobreviven y se despiertan en el mundo real. Detrás de frases tan burdas como «Quizás Hope’s Peak Academy y los Remnants of Despair sí existieron» se encuentra la parte final de lo que nos quiere transmitir esta obra. Las verdades y las mentiras tienen, a nivel personal, el mismo peso para Kodaka, y la ficción, una vez nos infecta, es tan válida como cualquier realidad. Los sentimientos que hallemos dentro de cualquier historia serán tan reales como lo que podamos pasar dentro de nuestra propia vida, y es por eso que la ficción es importante como elemento formativo.

Para qué engañarnos, todo esta reflexión da justo en el clavo. Me explico. Desde siempre me he considerado una persona introvertida, que suele intentar ir a su bola y que limita el acceso y la influencia que otras personas puedan tener sobre mí. A través de la ficción, sin embargo, he podido conocerme mejor y compartir vivencias con mi propio entorno. Creo que conectar con una historia puede tener resultados increíbles, y descubrir qué nos quieren transmitir puede ser un viaje tan maravilloso como el que hayamos presenciado en una obra en particular.

Que Danganronpa V3 tilde a sus precuelas de ficticias, no va a destruir el valor de lo vivido. Este giro argumental no va a cambiar que un servidor siga asociando el primer juego de la franquicia con el comienzo de la relación que tuve con mi actual pareja. Ningún giro de guión podría hacer que olvidase esa charla sobre Danganronpa 2 en una estación de Vitoria a las tantas de la noche con mi mejor amigo, mientras esperaba un autobús que no sabía si iba llegaría nunca. Y, de esa misma manera, ninguna de las revelaciones finales de esta tercera parte hará que el viaje que realicé deje de tener un significado para mí. Esta obra, al presentarme estos temas, ha hecho que reflexione, escriba y me comunique con vosotros. Este es el verdadero poder de la ficción, el de formarnos por dentro siempre que estemos dispuestos a escuchar y a dialogar con nosotros mismos y nuestras interpretaciones.

Al fin y al cabo, y como bien dice la obra de Kodaka, interactuar con lo ficticio puede cambiar el mundo entero, empezando por nosotros mismos.

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